24 Nov 2020
Crónica de una hermosa noche
El jueves 19 de noviembre, a las siete y media de la tarde, el escenario del Teatre del Raval de Gandía se llenaba de luz, de compromiso, de periodismo rabioso. Arrancábamos Dona la veu la apuesta de Caixa Popular con la que, a través de la cultura, quiere contar que la igualdad de género es algo que seguimos necesitando. Igualdad en la cultura, en la vida.
Y allí que llegaron dos profesionales que se llevan tomando esto muy en serio desde que empezaron sus andaduras periodísticas. Rosa María Calaf y Jon Sistiaga representaron en Gandía, durante dos horas deliciosas, el mejor periodismo, el mejor reporterismo.
Ella que fue pionera en su terreno y él, que ha seguido su estela dijeron frases rotundas, certezas sobre el mundo que nos rodea.
Ambos nos contaron cómo han recorrido el mundo para narrar lo desconocido y las vidas aciagas de las mujeres.
Dona la veu fue una lección: Rosa María y Jon, con su discurso, dejaron claro cómo sus trayectorias profesionales, su manera de entender el periodismo, la igualdad, la vida, su mirada comprensiva y amplia hacia el mundo que los rodea ha contribuido a mejorarlo. Porque el periodismo es una profesión que nos concierne a todos.
Rosa María Calaf llegó a TVE en los años 70, cuando poquísimas mujeres se dedicaban a esto, “ni siquiera había baños para mujeres, porque no había mujeres en la redacción”, contó ayer. Esta corresponsal extraordinaria y exacta, ha estado más de 40 años contándonos el mundo desde Buenos Aires, Nueva York, Moscú, Roma, Hong Kong, Pekín.
Le quedan 13 países por visitar, está cargada de planes, recibe peticiones todos los días para que explique, ilumine, cuente, investigue, juzgue historias, opine. Todo eso lo hizo el jueves en el teatro, ante un público que escuchaba y entendía. Junto a ella Jon.
Jon Sistiaga, que sigue perseverando a la hora de contar lo que sucede en el mundo y en el interior del ser humano, dejó claro por qué sus historias audiovisuales son tan buenas, tan potentes: porque tiene una voz propia, luminosa, honesta. Jon nos ha explicado los pecados capitales, el miedo, la maldad, el machismo que mata, la muerte, la guerra, la sinrazón de Trump desde EEUU, Ruanda, Malí, Irak, Mali, Corea del Norte, Ucrania, Serbia…
“La objetividad no existe ni en el periodismo ni en nada, lo único que sí podemos es ser honestos, decentes”, aseguró anoche.
La noche arrancó con este video potentísimo con el que se iniciaba uno de los reportajes sobre machismo de Jon. Así que empezamos a hablar del lenguaje, de lo necesario que es cambiarlo, usarlo bien. “Por ejemplo, cuando hablamos de avalancha referido a la inmigración, cuando usamos palabras malas y las unimos a un concepto determinado, estamos usando el lenguaje para que vaya en una dirección, para conformar el pensamiento, la visión de las cosas”, dijo Rosa María.
¿Creen que sus trabajos periodísticos han contribuido a cambiar el mundo, a hacerlo un poco menos feo?, les pegunté. Dudaron un poco antes de responder. “Yo quiero pensar que sí”, dijo tímidamente Jon. Rosa María coincidió. Yo diría que el público que estaba en platea habría dicho que sí, que el mundo es mejor con sus crónicas.
Jon era reportero cuando la tele le daba más importancia a las buenas historias bien contadas en sus programas informativos. Consiguió eso tan difícil, tener una voz propia, que sus crónicas fueran de autor. Ayer ambos se lamentaron un poco de que ese periodismo sea cada vez más inexistente, pese a que si algo quedó claro durante este encuentro de Dona la veu fue que es cada vez más necesario para comprender la complejidad del mundo.
Vimos momentos entrañables y divertidos de sus trayectorias. Como los agradecimientos de premios como el Ondas a Jon Sistiaga, donde el periodista celebraba el oficio, lo bueno de poder trabajar en equipo, con grupos talentosos, con gente que todavía se cree la profesión. O como ese collage de fotos de la veterana corresponsal a lo largo del mundo, con su pelo rojo, sus maneras insólitas, su carisma, o sus conexiones en Nueva York. El momento de Buenafuente parodiando a Jon en un momento de su Late Motiv desató la carcajada general. Jon lo encajó en su día con humor y ayer lo volvió a hacer. Reírse de uno mismo: solo lo pueden hacer los inteligentes.
Hablamos de la pandemia. El confinamiento consiguió algo inaudito: “No había estado durmiendo tanto tiempo en la misma cama desde la adolescencia”, dijo Rosa María. Le vino bien el descanso, pero no piensa parar. En cuanto pueda se volverá a plantar en la carretera para volver a recorrer el mundo.
Recuperé unas palabras de otra mujer ilustre: Maruja Torres. Escribió sobre Rosa María algo que creo que suscribieron todos los asistentes a la conversación:
“Su aparición me procura el goce profesional más genuino. Rosa María Calaf, cuyo rostro ilumina -su pelo desafiante, su mechón claro, su calma- la información.
Me alegra la vida, como receptora de sus noticias y como periodista. Me convence de que no todo está perdido, de que mientras queden nobles maestros, en algún lugar surgirá alguien, alguien joven que quiera imitarles hacer las cosas a la manera clásica, con rigor y entereza, y que no se rinda. Asocio su pelo y su rostro, como en un primer plano televisivo, a la Quinta Avenida o a la Madison. Mujer de calles grandes, de horizontes amplios.
Cuando aparece Rosa te das cuenta de que ahí hay una señora. No sólo una dama del periodismo, que lo es, sino una mujer de temple. Todo eso está ahí, en su trabajo. El escepticismo y el entusiasmo. Las ganas de contar, la valoración de las historias”
La noche acabó con un juego divertido, sobre televisión. Les propuse que eligieran entre estas cuatro opciones:
- Participar en GH VIP
- Que salga una ex pareja tuya contando intimidades en un programa de televisión
- Ser jurado en un talent con Mario Vaquerizo y Risto Mejide
- Sentarte a esperar la muerte en una cuneta
Entre risas, los dos acabaron eligiendo la cuarta opción. Nos hicimos un selfie divertido también con el público entusiasta, atento, entregado, interesado, que llenó el teatro. Y yo creo que todos nos fuimos de allí un poco más sabios y un poco más felices. Esta aventura, Dona la veu, no ha hecho más que empezar. Nos va a dar grandes alegrías, ya veréis.
Crónica escrita por Mariola Cubells
Escrito el 24 de Noviembre de 2020
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